Ser Artista Callejero...

En los artistas callejeros se sintetizan: el amor al arte, la libertad que les da cultivarlo de ese modo y la rebeldía de hacer lo que se ama sin acatar los mandatos de los imperios artísticos. Desde cualquier esquina soleada, como esta, intentaré practicar ese oficio procurando ejercer el arte de contar las historias que fui recopilando en los caminos que anduve.
José Romano



viernes, 17 de mayo de 2013

Un soplo de ilusión

El día ha culminado su recorrido y se apresta a tomar el recodo que lo introducirá en la noche profunda. En la superficie, el frío se regodea frente a las potenciales víctimas que inevitablemente le proveerá el  correr de las horas. Abajo, los que circulan con visado a elementales derechos, van regresando a sus hogares, en tanto, los habituales transeúntes de la desesperanza, privados de oportunidades, se disponen a buscar refugio, estirando por otra jornada su penoso discurrir. En el vagón, alguien, buscando unas pocas monedas más, toca el violín, poblando el ambiente de aires gitanos. Por el pasillo, como arrastrando su propia existencia, una anciana empuja una silla de ruedas que lleva a un niño sin piernas ni brazos. Respetando códigos no escritos, pasará al próximo en silencio, sin extender la bolsa, reconociendo la momentánea potestad que sobre ese territorio tiene el violinista. Mientras tanto, los pasajeros entrecierran los ojos, dormitando al arrullo de su propia indiferencia. En el fondo de la formación, pero en la superficie de sus sentidos, una parejita de adolescentes tempranos, cansados por lo largo del día, juegan con los  burdos aros con los que hicieron malabarismos, en busca de alguna recompensa que les pague una libertad transitoria. Lentamente se van aislando de su propia desventura, descubriendo sus lados aún vivos, inaugurando un momento muy propio, poniéndole vida a sus sueños, regalándose un soplo de ilusión. Por un corto tiempo el mundo les pertenecerá.

lunes, 13 de mayo de 2013

Expectativa

Siempre procuró disfrutar de los preludios, esos estados que aparecen en las vísperas de diversas circunstancias de la vida, en los que prevalecen tanto la soltura de formas como la libertad y en cuyo discurrir, al compás de una entusiasta excitación, se siente como son sutilmente afinados los sensibles encordados de la esperanza.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Riqueza

Durante mucho tiempo caminó, melancólico, cargando con el peso de sus añoranzas, hasta que una noche oscura, iluminado por una sonrisa, pudo advertir la verdadera esencia de esos recuerdos, descubriendo que no eran carga sino rico bagaje que le aliviarían el paso.

miércoles, 17 de abril de 2013

Reconciliación

Hace ya un tiempo que los espectros de aquellos anhelos frustrados se dedicaban a incomodarlo. Insidiosos, se movían a su alrededor aprovechando la condición de invisibles que lograran y, con esa fina crueldad que suelen ostentar los sueños que se ufanan de malogrados, mortificaban sus lados sensibles. Sabía que recrearlos resultaría muy poco probable y que tal vez, una de las formas de reconciliarse con ellos sería volverlos nuevamente visibles, al menos a su mirada. Así es que, cada vez que la magia de la inspiración acudía solidaria en su ayuda, los cubría con poemas.

lunes, 8 de abril de 2013

Camino

El Peregrino se detuvo por un momento frente al doloroso recodo, observó las huellas que dejaron las lágrimas, juntó una a una las sonrisas caídas, las arropó con recuerdos, se apoyó en su báculo con forma de poema y reanudó la marcha por el camino de la esperanza.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Fullero

Vivir, querer, sufrir, amar, aceptar, dar, nacer, partir, mirar, engendrar, sentir, iluminar, recibir, acompañar, regresar, cuidar, rogar, callar, andar, saber, traicionar, curar, cultivar, gritar, descubrir, odiar, tropezar, desandar, perdonar, creer, sembrar, reir, relatar, ignorar, crear,  llorar, esperar, cantar, jugar, soñar.
 
Sospechó el caminante que en esta partida los naipes del mazo están marcados y que no es él quien conoce la seña, lo que de todos modos no le impide soñar.

viernes, 22 de marzo de 2013

Amanecer

Incansable, la gota de esperanza horadó al desánimo, hasta convertirse en lluvia limpia que amaneció en su cielo un arco iris de anhelos cercanos.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Palabras en vuelo

Las palabras se desgarraban de sus entrañas plenas de zozobra, levantaban vuelo herederas de pesadumbre, sobrevolaban territorios de añoranzas, mantenían un derrotero de búsqueda hasta llegar a destino, allí vendimiaban esperanzas y un día cualquiera descendían desde un cielo limpio, rellenando de ilusiones sus oquedades de pena.

lunes, 4 de marzo de 2013

Más restos de aquella novela desaparecida...

— Debo confesarte que no deja de causarme asombro ver como aquellas dos palabras no dichas cuando correspondía, causaron tamaño alud de expresiones, confluentes en un turbulento río de emociones que vaga en busca de su desembocadura.

lunes, 25 de febrero de 2013

 
Detrás de este cartel se encuentra Fragmentaria, un pueblo muy antiguo de imprecisas coordenadas, en él, hace muchísimo tiempo que se desarrollan historias, hoy, cinco personajes han comenzado a ponerlas en relato. Si querés conocer sus peripecias vitales, adentrate por el sendero y llegate hasta allí.

lunes, 18 de febrero de 2013

El mejor de sus fuegos

Al caminante le resultó familiar el paisaje, detuvo por un momento su andar al descubrir los tenaces restos de aquella hoguera de anhelos urgentes. Hurgó en los montes de cenizas destapando los más bellos rescoldos, para volver a encender el mejor de sus fuegos.

viernes, 25 de enero de 2013

Paraíso

Mientras leía aquel poema de Benedetti, ese que habla de correr los escombros y destapar el cielo, un recuerdo fugaz se le coló entre las penas y con un guiño cómplice le dibujó una sonrisa que lo transportó a aquella tarde, cuando la promesa nacía eterna y el paraíso era un banco de plaza.



jueves, 24 de enero de 2013

Descubrir

Intrincados le resultaron a Jacobo los caminos del descubrimiento, cuando le contaron que aquella flor tan bella y fragante, de color rojo, se llamaba crisantemo, comenzó a verla en todos los jardines que anduvo. Cuando descubrió que Jazmín, aquella muchacha tan bella y fragante, de color oro, había sentido por él un amor muy profundo, ya era tarde, ella había partido sin decírselo.

jueves, 17 de enero de 2013

Un lugar en el mundo

A Irineo le contaron siendo muy niño que cada persona tiene un lugar en el mundo en el cual vivir y ser feliz, así fue que desde temprana edad se dedicó afanosamente a buscar el suyo, para ello navegó ríos, cruzó mares, subió empinadas cuestas, conoció más lugares y personas de los que nunca hubiera imaginado, en una palabra, con el afán de hallar ese venturoso territorio anduvo cuanto camino le ofreció la vida, pero todo fue en vano ya que ninguno de los sitios a los que arribaba terminaba siendo el suyo. Un día, muchísimos años después de haber iniciado la búsqueda, estando muy abatido por lo infructuoso de su intento, cansado ya de tanto andar, lamentándose por el estéril esfuerzo llevado a cabo, un ocasional caminante se detuvo donde estaba y le dijo que tal vez no había investigado donde debía, que a lo mejor eso que buscaba no era un espacio exterior sino que se hallaba dentro suyo. Irineo anduvo varios días cavilando sobre lo que aquel sujeto le dijera hasta que una tarde se ensimismó profundamente y realizó un viaje hasta lo más recóndito de si mismo, allí descubrió entonces que si bien lo que le habían dicho de niño era verdad, ese sitio no estaba en ninguna otra geografía que en la de su ser interior y que era desde allí donde podría constituir como su lugar de pertenencia cualquier sitio que eligiera, entonces se sonrió y empezó la tarea: mudó al barrio en que hoy vive aquel río transparente tan añorado, puso a sus orillas recordados arboles de frondosa sombra, colgó de su techo aquel cielo azul de mayo tan amado, ubicó un sol cálido en su ventana, decoró los ambientes con un paisaje de sonrisas queridas, adornó las paredes con poemas, llenó los estantes con los mejores recuerdos y dejó todo limpio de viejos rencores. Una vez que hizo todo esto se sentó muy feliz, recostado en un árbol, a orillas de aquel río nuevo y se dispuso a contarle la historia de su recorrido a todos los viajeros que por allí pasen buscando su lugar en el mundo.

lunes, 14 de enero de 2013

Soledad

Restos de aquella novela desaparecida:

" Son tantas las botellas echadas a navegar, tratando de contar lo que nos sucede, que parecería poco probable que haya tiempo y personas para leer tantos relatos, pero bueno... cuanto menos esto permitirá que le vayamos ganando tierras a los océanos de soledad."

 

Ilusiones


En ocasiones las ilusiones toman un atajo para esperarnos al final del repecho.

viernes, 11 de enero de 2013

Renacer

Este texto fue rescatado del último naufragio y llega hasta aqui quedando a la espera del próximo.
 
El caído se revuelve iracundo contra su propia impotencia, renace intuyendo que es necesario reanudar la marcha, restaña las heridas del alma, hace el inventario de penas y alegrías, atenúa el dolor, acude a la vida que regala la palabra con atuendo de poesía y alumbra nuevas esperanzas acunadas por recientes sonrisas. Se levanta, pone a secar la lluvia de ayer en el tibio sol de la mañana, observa como cobra forma de nube trepándose a un cielo azul, a sabiendas de que un día la fecundará un rayo para volver a ser aguacero o borrasca. Sabe que  ese animoso modo de andar lo pondrá de cara al siguiente renacer. 
 
 

jueves, 10 de enero de 2013

Ser artista callejero

El artista callejero rinde culto a la libertad, ama su oficio por sobre todas las cosas, sus instrumentos los afina con el diapasón de su alma, las localidades para sus funciones nunca se agotan, como un titiritero nos ofrece su arte manejando los hilos de su sensibilidad.

miércoles, 9 de enero de 2013

Fuego de anhelos

Al poeta se le han perdido los versos, algunos quedaron envueltos en brumas de tristeza, otros se exiliaron en territorios de ausencia, los más cansados simplemente no le siguieron el paso, aquellos que hablaban de amor se vistieron de olvido y los que vestían esperanzas quedaron atrapados en las espinas de rosales negros. Sin embargo el poeta sigue mirando hacia el cielo, sabe que un  día, en las alas de unas nubes celestes, regresarán  todos los versos para ayudarlo a encender la leña de un fuego de anhelos.

viernes, 4 de enero de 2013

El celador de formas

El celador de formas mira todo con gesto adusto, no admite incorrecciones, su mundo es disciplinado, está gobernado por reglas exactas. No perdona la libertad, no entiende de juegos, le molestan las notas que se rebelan contra el acorde y lo escandaliza el romance entre la nube y el pez. El sentido de su vida no tiene contramano, su mano más hábil es la diestra y con ella imparte sabias sentencias. Se siente importante, dueño de verdades, su misión es excelsa y se pavonea por la vida luciendo el ropaje de rígidos fundamentos. Al celador de formas no le gustan las risas que no siguen un ritmo, si te descubre jugando feliz en la hierba, no vacila en señalarte, mostrando las huellas que en tu piel dejó el pasto. En ocasiones siento que tal vez le sucede que  no sabe como ser libre y que lo que realmente pretende es llevarte consigo a su mundo, para no sentirse tan solo.

jueves, 3 de enero de 2013

Cielo perdido

No le brota el poema, en desesperado intento se desgarra el alma para arrancarse unos versos. Los arroja sobre el papel animándolos al vuelo, pero se quedan allí fracasados como nubes sin cielo.

domingo, 30 de diciembre de 2012

No escuchar el dolor

Abre la puerta con dificultad y se detiene en el medio del pasillo, permanece un momento en silencio, luego comienza a hablar de un modo aparentemente calmo, su voz, aunque baja, suena como un grito desesperado y el volumen de su angustia retumba con fuerza. Es uno de los tantos que diariamente recorren el mismo destino, se le ve auténtico, su desesperación parece tomar forma rebotando contra la insensibilidad y quedar allí, esperando un gesto o una respuesta a su demanda. El silencio e indiferencia que advierte hace que suba el tono, su súplica desborda desconsuelo y su voz se vuelve ronca a fuerza de repetición. Pasa una mano lentamente por sus cabellos gestualizando su impotencia, acomoda el bastón y moviéndolo de derecha a izquierda, descubriendo el camino, se dirige al siguiente vagón para reincidir en la esperanza. Por un instante muy breve queda sobrevolando en el aire una nube de congoja que rápidamente es disipada por el encallecido hábito de no escuchar el dolor.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Ese poema que no puede escribir

Se conocieron aquella tarde en la que mayo se vistió de azul francia y la imaginación amenazó al poder. Hoy, él recuerda la sensación de vértigo que tuvo al mirar en la profundidad de sus ojos celestes. Todavía le asalta esa urgencia que se ubica entre pecho y espalda, esa que provee la excitación, sensación que experimentó cuando ella lo invitó a compartir la tarea de pegar los afiches, esos que hablaban del ideal soñado. Aún sigue oyendo la risa que a ella le provocaba el verlo enchastrado de engrudo, como resultado del torpe afán de él por seguirle el ritmo. Durante ese año se descubrieron de a poco, prolongando el placer de tenerse, como si sospecharan algo. A él le sigue doliendo ese adiós que se dieron, al salir de la clase de lógica, en un banco de la plaza, frente a la universidad. Ella le había llevado de regalo el disco simple de Almendra, que él todavía conserva, ese que tiene el tema que canta como es la soledad.
En el setenta y ocho se encontraron de nuevo, con diez años más y algunas ilusiones menos, la casualidad los juntó en el café de la estación, él iba de visita al pueblo y ella llegaba a la capital, los seguía uniendo la esperanza de un mundo más justo. Al principio les costó atravesar el follaje de silencios que había crecido durante el tiempo transcurrido, pero enseguida sus corazones recuperaron la memoria y el diálogo cobró vida, por momentos sin usar la palabra, solo mirándose a los ojos. Disfrutaron del placer de redescubrirse y quisieron prolongar el encuentro, anduvieron unas horas recorriendo conocidos caminos, convirtiendo cenizas en fuego, bailando al compás de las llamas. Les costó despedirse, como si sospecharan algo.
Aquella fue la última vez que se vieron. Hoy a él aún le quedan lágrimas que le ahogan el grito, se sigue desgarrando su ser al recordar el momento vivido semanas después del encuentro, cuando se enteró que ella ya no estaba, que la había llevado aquel río de odio que asoló sin piedad nuestras costas, invadiendo toda esperanza, ahogando nuestros mejores sueños.
A pesar de que pasó mucho tiempo, cada vez que regresa al pueblo se sienta un rato en el mismo banco de la plaza, en él lo espera aquel tema de Almendra, ese que canta como es la soledad, entonces él se da cuenta que la sigue nombrando en ese poema que no puede escribir. (Recopilado una tarde de otoño en la plaza de mi pueblo)

jueves, 27 de diciembre de 2012

Búsqueda

"…uno cree que va encontrando respuestas, sin sospechar que en realidad está actualizando antiguas preguntas, quizás sea esta una de las formas en que la verdad se va disimulando en los pliegues de la vida, al tiempo que provocativa nos estimula a buscarla, sabiendo que en esa búsqueda radica lo  importante…" (Recopilado a orillas de una mesa, frente a un mar del norte)

viernes, 21 de diciembre de 2012

Propósito

Empezar a entreverse, limpiar el camino, borrar caducos resquemores, pertinaces culpas y endógenos veredictos. Indagar en los recónditos pliegues del ser interior, para entender que de lo puro persisten yacimientos aún sin prospección. Descubrir la maravilla de reivindicar el candor, dejar que unos ojos niños nos señalen la esperanza, entendiendo que vale la pena querer ser mejor persona. Advirtiendo entonces, que la idea es contagiosa.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Remanso

A veces se nada a contracorriente en un caudaloso río interior en el cual, un deshielo de emociones libera sueños congelados. En el lecho profundo se agitan antiguas verdades que buscan la superficie, la brazada alarga la esperanza acercando un intenso cielo azul y el torrente se vuelve entonces remanso.

martes, 18 de diciembre de 2012

Pájaros en vuelo

Rafael fue dado de alta, la tarea que llevaron a cabo los sanadores del pueblo durante años resultó ardua, pero finalmente consiguieron curarlo de la enfermedad que le descubrieran cuando era adolescente. Estaban felices por la labor cumplida, se hallaban seguros de haber eliminado todo vestigio del mal que lo aquejaba, como sanadores no podían permitir que Rafael contagiase a otros su enfermedad. Nunca habían visto un caso tan severo, para ayudarlos a resolverlo habían venido del norte maestros sanadores del más alto rango, quienes se habían mostrado muy sorprendidos por la virulencia del mismo y sostenían que seguramente era endémico de estas regiones, que en sociedades más civilizadas las campañas masivas de prevención reducían mucho la cantidad de casos y los que aparecían eran fácilmente controlables. Luego de varias semanas de tenerlo bajo el más estricto de los controles, observándolo día y noche, inclusive cuando dormía, habían decidido que finalmente podía salir del cuarto de aislamiento en el que lo tenían. Por lo tanto, al mediodía le dieron el alta: ¡ya no revestía peligro para sí ni para terceros! 
Esa misma noche Rafael esperó en su vivienda de las afueras a que se hiciera muy tarde, cuando esto sucedió salió de la misma, se garantizó que no hubiera cerca ningún sanador, se dirigió con sigilo hasta un frondoso árbol del monte, se trepó alto, muy alto y miró hacia todos lados. Cuando estuvo seguro que no corría peligro, abrió su corazón, buscó entre las ilusiones que allí guardaba y  echó a volar varias de ellas con forma de pájaros, esperanzado en que se le cumplieran y si eso no sucedía, que volasen por los cielos hasta que se le hicieran realidad a alguien.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Seguir intentando

Llega un momento en el que parece valedero constituirse en arqueólogo del propio quehacer, buscando restos de lo creado o de lo que se intentó crear, juntando fragmentos de las utopías, de los mejores fracasos y de todo aquello que conserva algún signo vital. Probablemente esto permita renovar la tarea de seguir intentando.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Volar

El ángel caminaba lento, su mirada se perdía en el abismo, buscaba sus alas, esas que se arrancara para poder soñar. Cuando las halló, se dió cuenta que no habían sabido volar.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Días pasados, mi amigo Jaime Gonzalo Cordero, proponía desde su blog Pauta Ancha un concurso apoyado en la noticia que publicara un diario de Lille sobre el hallazgo del cadaver de un anciano muerto hace quince años. Esto fue lo que mi inventiva me sugirió y que le envié:

Acerca de la muerte del anciano español en Lille
Las pericias realizadas determinaron finalmente que se trató de una muerte natural, sin signo alguno de violencia externa. Una posterior investigación de antecedentes, llevada a cabo por un joven empleado de la policía judicial de Lille, amante de la literatura de Agatha Christie y su personaje Hércules Poirot, permitió conocer algo más sobre el difunto. En realidad, Alberto Rodríguez era el nombre verdadero de quien, cerca de los cuarenta años, bajo el pseudónimo de Pablo Puebla, tuviera una brevísima pero intensa irrupción en la canción popular española. Más que a sus dotes de cantante, su fama obedeció al hecho de haber tenido un rebelde y extemporáneo romance con una adolescente de acaudalada familia. Como es de suponer, los cuidadores de los cánones de la época condenaron tamaña historia: quemando de inmediato al cantante en el fuego del olvido. Perseguido sistemáticamente y con miedo a peligros mayores, Rodríguez se marchó de España para ganarse la vida cantando en países del Caribe. A partir de allí, su vida estuvo signada por la imposibilidad de olvidar a aquella joven. Por más que lo intentó, nunca logró convivir con el dolor que la separación le causara. A fines de los setenta, cansado seguramente de andar, compró la casa en la que encontraron su cuerpo. No están claras las razones de por qué eligió la ciudad de Lille para terminar sus días, aunque surge rápidamente una conjetura posible: el nombre de aquella joven de la que se enamorara perdidamente era Lila. Otro dato significativo es que el fallecimiento de ella es coincidente con la época en la que él comprara la casa. Sin familia alguna y con tendencia a permanecer recluido, no es de extrañar que su deceso pasara tanto tiempo inadvertido. El joven empleado cierra el informe con un vuelo filosófico, menciona que este caso posibilita pensar que una cosa es suicidarse y otra sentirse muerto y que se podrían establecer dos fechas para el óbito de Rodríguez: la física y aquella en que la pena se adueñó de su vida.


viernes, 23 de noviembre de 2012

Candelario

Candelario se levanta temprano, su desayuno es breve: más breve que su hambre. Antes de partir abriga a su hijo con arropo de ternura, luego va hacia el frío con rebozo de amor. Una gélida bofetada lo recibe al salir, el absorbe el golpe y con pasos de ancestro se dirige hacia el puerto. El color de su tez contrasta con lo celeste del alba, su sombra lo empuja hacia un magro jornal, en el muelle lo espera un lejano barco preñado de carga para mesas ajenas. Al llegar, su cuerpo se tensa frente a la estiba de bolsas, librará con ellas dura batalla, sabe que de su triunfo depende el crecer de su niño. A lo largo de la mañana sube y baja la rampa con mecánico andar, en cada bolsa que carga levanta el anhelo de una vida mejor. El sol del mediodía riega su piel con perlas brillantes que alimentan su sed, llega al descanso con cansancio de sueños, recibe la vianda y se aparta del grupo, mirando de reojo la oculta en su bolso, será parte de la cena que compartirá en familia. En agobiante rutina cae la tarde desplomando en su espalda renovada fatiga, con las últimas luces vuelve a su casa, su blanca sonrisa ilumina el camino. Al llegar, lo recibe un coro de vida, con fuerzas ocultas juega en el patio juegos infantiles, en ceremonia de amor comparten la cena, con cadencia de raíces acuna a su hijo, su esposa lo mira con renovado arrobo. Luego, en vital coincidencia, se encuentran sus gestos, la luna crece iluminando la escena, la oscura habitación se convierte en paraíso en el que ellos, felices, inauguran la vida. Candelario se acuesta tarde, su descanso es breve: mas breve que su cansancio.

martes, 20 de noviembre de 2012

Aquellos niños

Arde en sus pieles un sol de inocencia, refulgen en sus ojos carbones de anhelo, muestran sus bocas una desnudez de marfil. Pueblan sus cabezas anillos de dioses, hablan sus manos con lenguaje de afecto, danzan en su cuerpo arraigados rituales. Los abriga con ternura una arena ancestral, son, en esencia: una ceremonia de vida.

viernes, 26 de octubre de 2012

Aquellas palabras

Una suave brisa de recuerdos limpia el aire de apesadumbradas imágenes, permitiendo que un tenue rayo de vida ilumine umbrías regiones de la memoria, para que desde ellas se echen a volar las palabras que no fueron.

viernes, 19 de octubre de 2012

miércoles, 17 de octubre de 2012

Llego con tres heridas

 
Cuando en Morata de Tajuña se llega, de la mano de Nacho, a ese cálido lugar que es el Mesón El Cid y se conoce a Goyo, quien con verdadera pasión muestra cada una de las piezas que con tesón y paciencia fue juntando para exponerlas en el Museo de la Guerra Civil Española, en el espacio que Doña Pilar, la dueña del mesón le facilita y se encuentra con este texto de Miguel Hernández no se puede menos que agradecer a la vida la posibilidad de andar caminos... aun con las tres heridas.
 
 
 

viernes, 12 de octubre de 2012

Rescatando publicaciones...

A veces, sin saber exactamente porqué, uno abre un libro que hace mucho leyó, entonces ocurre que con la ansiedad de tanto tiempo de espera, se precipita desde su interior una vieja hoja de papel doblada en cuatro. Uno la desdobla, ve su contenido y descubre al leer lo que escribió en otro tiempo, en otra historia, que más que doblada está doblegada, se hace esto notorio al advertir como uno desistió de alumbrar anhelos. En ese momento uno agradece la noble paciencia de esa hoja que aguardó tantos años para hacernos saber, sin reproches, que siempre se está a tiempo de parir  el ideal que ese trozo de papel preservó con empeño, que tal vez lo que ocurrió fue que no era aquel el tiempo sino este, uno la mantiene entonces desdoblada, la pone a su lado y comienza a desdoblegarla...

viernes, 5 de octubre de 2012

Analogías

Aquella mañana, al cruzar la diagonal, desde el fondo de la memoria amaneció una línea recta que subrayó remembranzas. Por debajo de un portón salió un familiar olor a taller que estimuló la evocación, el tiempo se le hizo infancia y la vereda se pobló de payanas. Al levantar las cinco piedras, se disolvió el momento y caprichosa la linea dibujó una cita inicial, con ropaje juvenil. Unas lágrimas rebeldes se acercaron hasta el borde de la mirada buscando darse a la fuga. Entonces cerró los ojos para que ellas no se fueran, para que quedaran allí: regando el buen recuerdo, fecundando analogías. (Recopilado una mañana análoga)

viernes, 28 de septiembre de 2012

Sistémico

Francisco amaneció esa mañana más rebelde que de costumbre, absolutamente decidido a contradecir a su nombre de pila y harto de mandatos sin sentido. En insurgente actitud acompañó el mate amargo con varias galletitas diet bendecidas con abundantes porciones de delicioso dulce de leche. Luego de esto salió a la calle y dejando traslucir sus deseos de espetarla, le espetó un cumplido a su hermosa vecina, la que por supuesto no entendió el piropo y mucho menos el subyacente deseo que el mismo contenía.
Caminó hasta la entrada del subte silbando una canción de Manu Chao, en el camino cortó una rosa de un jardín pensando que ya encontraría a quien obsequiársela. Cuando llegó a la estación Osvaldo Pugliese levantó la mano izquierda con el puño cerrado, saludando la imagen del músico, al hacerlo advirtió la piadosa mirada de una señora paqueta, la saludó con sonrisa cómplice y le entregó la flor que antes había arrancado. Luego descendió por la escalera mecánica soportando los embates de una hueste de prisas absurdas.
Una vez en el andén, esperó pacientemente a que pasara el tropel que se abalanzaba sobre los vagones, como si estos fueran parte de la última formación que abandonaría la tierra antes de la explosión final. Ya sentado en uno de ellos inició el viaje y comenzó a observar a sus acompañantes, al hacerlo, sospechó que por los ojos de varios de ellos corrían ríos de benzodiazepinas que bañaban las costas de deseos insatisfechos .
Cuando llegó al final del recorrido, salió a la superficie y se dirigió al trabajo, entendiendo que era imposible librar a la sociedad del gobierno de pautas absurdas. Ingresó a la oficina, saludó cordialmente, se sentó en su puesto, encendió la computadora, adoptó la forma externa que el sistema le exigía y absolutamente concentrado comenzó a escribir un poema de amor. (Recopilado una mañana anárquica)

viernes, 21 de septiembre de 2012

Si llaman a tu puerta

Ramón construye sueños, disfruta mucho con ello, le dedica a esa labor su mejor tiempo, los crea con delicados elementos que amalgama con material sensible, les agrega ingredientes íntimos, los fragua en fogones de tiempo, los talla con cinceles del alma, trabaja con amor las terminaciones, los pinta de color  vida, los firma con rúbrica esperanzada, los envuelve en papeles viajeros y los estiba en anaqueles vitales.  Ramón hace una pausa en su labor cotidiana, revisa uno a uno los sueños, intuye que merecen cumplirse, le apena verlos yacer impacientes, se siente culpable por eso, piensa un destino distinto para ellos, medita una decisión necesaria, los carga a todos en su equipaje, se despide de las cosas queridas y sale a andar los caminos. Recorrida una cierta distancia comienza temeroso a golpear puertas, lo impulsa la esperanza de que cada sueño encuentre su dueño, no deja de causarle sorpresa la indiferencia con que es atendido, la frialdad con la que le cierran la puerta. Empecinado en cumplir su cometido continúa buscando, muy de tanto en tanto Ramón es feliz: es cuando una puerta no se cierra para que un sueño se hospede en un alma, esto le renueva la energía para seguir recorriendo caminos, cruzar valles y mares, trepar empinadas cuestas y descender fértiles laderas. Por eso, si un día llaman a tu puerta y quien golpea dice llamarse Ramón, atiende con amabilidad su llamado, es probable que te traiga tu sueño... ese que hace tanto estas esperando. (Recopilado de las confesiones de un soñador)

viernes, 14 de septiembre de 2012

Rima final

La noche, con una actitud casi piadosa envuelve el apesadumbrado andar de Rolando en una densa bruma, él mientras tanto va remontando el curso que en el empedrado húmedo trazan las vías del antiguo tranvía, sabe que al final de las mismas encontrará el muelle y en él la silueta del cafetín del puerto: ese lugar en el que hace tiempo busca refugio. Al ir llegando, su entrecortada respiración es acompañada por el melancólico jadeo de un bandoneón que suena dentro del lugar, con  gesto vencido abre la puerta del bodegón y se dirige hacia una de las mesas, una vez sentado  inicia el ritual de siempre, saca del bolsillo de su gabán unas arrugadas hojas y comienza a garabatear en las mismas durante largo rato la letra de ese tango que no consigue terminar, busca infructuosamente inspiración con la mirada fija en el ventanal: a través del mismo advierte la tenaz lucha entre el faro y la bruma. Rolando  masculla una bronca profunda mientras procura encontrar la palabra que rime con angustia, con mirada cargada de derrota interroga a la figura ancestral representada en la etiqueta de aquella botella de vino ya vacía: la misma carece de respuestas. Veterano en estrenar fracasos sabe que nunca estrenará ese tango con el que pretende expresar su dolor, comprende que la pena lo ha colonizado y que no le será posible liberarse de ella, vuelve la vista hacia afuera advirtiendo que el faro ha perdido la batalla, que esa noche la bruma ha entronizado a la oscuridad como majestad, apura el último trago y se levanta dirigiéndose a la salida: en ese momento el fuelle exhala un suspiro como intentando retenerlo. Rolando deja que la puerta se cierre sola detrás suyo golpeando contra el marco, da unos pasos mientras mira el brillo de las vías que parecen ofrecérsele como sogas de plata, toma el rumbo contrario dirigiéndose hacia el muelle, acongojado se apoya en la baranda, permanece sumergido en un inventario de pesares, sus manos recorren la madera como buscando una salida, el faro hace un postrer intento por iluminar la vida que él no advierte, con lentitud de miedo se trepa a ella y salta: es entonces cuando finalmente encuentra la palabra que rima con angustia. (Recopilado en un puerto sitiado)

viernes, 7 de septiembre de 2012

A veces

A veces la tristeza se cuela entre gotas de lluvia o aparece de sorpresa por detrás de una foto. Te toma entonces por asalto, coloniza territorios sensibles y cobra forma de lágrima en ciernes que se asoma a la mirada. Apaga el brillo, oscurece sonrisas, se escurre lentamente a través de intersticios de la memoria y empalidece recuerdos. Desdibuja proyectos, entorna ventanas, domina motines vitales y encarcela sentimientos sublevados. Te aleja de plazas de juego, sitia con silencios lo esencial y ahoga gritos urgentes. Decidida, encadena teclados, clausura caminos de ilusiones y  nubla cielos de esperanza. Dibuja paisajes sombríos a veces la tristeza. (Recopilado en un territorio brumoso)

viernes, 31 de agosto de 2012

Arquitectura

Jugador impenitente de partidas muy intensas una tarde de invierno comenzó a entender el juego, tantas manos perdidas jugaron a su favor, en un desafío inoportuno se tropezó con su sombra, empujado por el silencio llegó hasta lo más profundo, fue muy duro el trance de cantarse las verdades, con gesto de último intento se aferró a la evocación, con el auxilio de momentos queridos salió a la superficie, hacía la luz del presente empezó a caminar: con renovado oficio inició la cotidiana arquitectura de los mejores recuerdos. (Recopilado en un mazo de recuerdos)

viernes, 24 de agosto de 2012

Renovar


Aquellas lejanas tardes de barrio eran ceremonias cargadas de encanto: transcurrían iluminadas por la luz que tienen los momentos ideales, melodiosos acordes de risas infantiles inundaban el aire, a la salida del colegio las calles de tierra se vestían de juegos, las zanjas que corrían junto a la acera se transformaban en ríos en los cuales era posible bañarse dos veces, los potreros se convertían en bulliciosos estadios en los que la ilusión ganaba por goleada. Entre los cañaverales encontraban refugio aventuras heroícas, al conjuro del jazmín aparecían urgentes los primeros amores y al cobijo de frondosos árboles se intercambiaban promesas de amistad eterna. Al final de la cuadra por cuerdas de plata se trepaban los trenes,  al caer la tarde se levantaba la palabra en coloquios ingenuos liberando esperanzas de un mundo mejor. Así, apacible, discurría la vida.

Si pasados los años y a pesar del esfuerzo de los agentes del tiempo, de los refutadores de ideales, de los acalladores de risas, de las frías oleadas de asfalto que secaron las calles ahuyentando los ríos, de tanto sicario de palabra en cierne, sucede que con el alma atenta se recorren calles de la geografía interior: lo vital de la tierra sanará las heridas, se escucharán nuevamente las risas, será posible bañarse en el mismo río, volver a ganar de local, permitir que el jazmín renueve el buen amor, cumplir las promesas vencidas y descubrir entonces como las mejores palabras continúan sosteniendo esperanzas de un mundo mejor. Así, renovada, proseguirá la vida. (Recopilado en una calle de tierra) 

viernes, 17 de agosto de 2012

Un recuerdo oficioso

La mañana es inhóspita, un fuerte viento de malos presagios le dificulta el paso, una pertinaz llovizna de angustias le moja el alma, se siente sin rumbo, mira a su alrededor y advierte un andar de soledades en pena, en las costas de la avenida arrecia una marea de sentimientos, a la acera llegan restos vencidos de antiguos naufragios, lágrimas gastadas erosionan el suelo, pensando en guarecerse desciende al pasaje, a salvo de la inclemencia camina más calmo, se acerca a la barra y pide un recuerdo, lo degusta despacio disfrutando su aroma, le llega al corazón ejerciendo su oficio, con inveterado hábito le abre las puertas a  recuerdos queridos, sienta a su lado a una muchacha en flor, viste al pasaje con pasajes de vida, hace crecer una plaza soleada de nombre extranjero, estrenando alegría unos niños juegan en ella, un conjuro de trinos suena en el aire, con renovado entusiasmo sale de allí, arriba el mediodía se vuelve amable, suaves brisas de buenos augurios acarician su paso, un sol de futuro en ciernes entibia su alma, recupera el rumbo y mira adelante, un follaje de queridas sonrisas oxigena su esencia, una pleamar de emociones limpia las costas, rejuvenecidas lágrimas fecundan el suelo, en la acera crecen retoños de primaveras lejanas, feliz de descubrirse camina por la superficie.(Recopilado en las entrañas de un subsuelo)

lunes, 13 de agosto de 2012

Cita renovada

Son gráciles, huidizas y bellas,  saben que resulta indispensable su compañía: juegan con ello, coquetean con gracia eterna haciéndose desear, danzan una danza en celo mientras eligen que lecho visitarán para fecundarse en arte. Mientras tanto, de este lado de la vida, quienes aguardamos ansiosos su llegada, tendemos ilusionados la mesa: renovando la cita, esperando ser elegidos por ellas.

viernes, 10 de agosto de 2012

Buen paradero

Es una esquina singular, no siempre está conformada por las mismas calles, en ocasiones pasan por su frente arterias atestadas de andares bulliciosos, otras veces convergen allí pasajes oscuros poblados de fantasmas, fecundas, de tanto en tanto, se dan cita en ella amplías vías arboladas con esperanzas, en ciertas circunstancias una antigua rúa arrima textos de desasosiego, en ocasiones es visitada por avenidas anchas que traen mareas cargadas de relatos, bulevares de memoria por los que retornan recuerdos celebran su encuentro, hay momentos en los que concurren andariegos paseos ribereños con coincidencia de sentimientos, existen otros en los que ramblas marítimas acercan un horizonte de anhelos, es, en definitiva: un buen paradero. (Recopilado en una decisión diferente)

Los regentes del destino

Hoy, visitando el sitio de mi gran amigo Jaime Gonzalo Cordero, lei uno de sus buenos textos que me gustó mucho y cuya lectura recomiendo. En él, Jaime tiene la gentileza de citarme, como considero de justicia que quien se llegué hasta aquí conducido por su referencia se encuentre con el asunto que menciona, fui a buscar este relato mio que habitara en un antiguo blog y lo publico.

LOS REGENTES DEL DESTINO
A Gonzalo González le había costado mucho entender el arte de tallar la vida, esto lo condujo a andar contra corriente, el esfuerzo de intentar avanzar de esa manera le fue provocando un fuerte cansancio físico y existencial. Una vez, hace mucho tiempo, al pie de una quebrada, creó una carta que hablaba de ello, luego la guardó con cierta congoja al pensar en los que la verían, sabía que era una carta muy triste. Permaneció vacilante todo el día en esa quebrada, al lado del caudaloso río que la cruzaba, así fue que llegó el momento en que el sol decidió alejarse de él, entonces las primeras sombras de la noche se mezclaron con las de su interior, solo el andar del río le ponía sonido al momento, finalmente, empujado por su medroso ser se marchó del lugar cargado de angustia e impotencia. Ya de regreso se dispuso a revisar la carta tratando de entender el momento vivido, se sorprendió cuando no la encontró, la buscó afanosamente, dio vuelta la habitación, revisó hasta en lugares insólitos, todo fue en vano, la carta no apareció. Entonces Gonzalo González se sintió raro, comenzó a hacerse preguntas sobre casualidad y causalidad, esos regentes del destino, barajó respuestas posibles, se dejó convencer: como resultado de ello renovó los votos de vivir y vivió. Durante muchos años aquella carta, jugada en medio de una dolorosa partida, solo fue un amenazante y difuso recuerdo, de tanto vivir y andar casi había logrado olvidarla, pero los regentes del destino tienen mucha paciencia, saben que tarde o temprano cumplirán con su labor, así fue que cuando Gonzalo González menos lo esperaba desataron alrededor suyo huracanados vientos de dolor que casi lo hicieron zozobrar, haciéndolo navegar durante un tiempo en una nueva deriva de angustia, luego, como casi siempre ocurre, la tempestad fue cediendo en intensidad, Gonzalo González empezó a mirar nuevamente a su alrededor, revisando daños, calafateando el alma, procurando no alterar la calma que prosigue a la tormenta, tímidamente intentó volver a la partida de vivir, una vez más no tuvo en cuenta a los regentes del destino, se distrajo y estos siempre atentos intervinieron: Gonzalo González estaba en el lugar de siempre, buscando como nunca, de repente cuando menos lo imaginaba, como deslizada por unas manos invisibles apareció frente a su vista aquella vieja carta cargada de arcanos significantes, dejándolo helado por esa intempestiva irrupción, con la mirada perdida en horizontes de pena. Entonces, Gonzalo González inició el viaje, regresó al pie de aquella quebrada, se acercó decidido hasta la orilla, comenzó la última partida, bajó allí la carta y se abrazó a aquel río celeste.

sábado, 4 de agosto de 2012

Silencio



Cuadro perteneciente a Yolanda Ruiz Sánchez

Un relato de derviches anticipó el encuentro, en una duna causal se cruzó con él, con gesto casual acercó su paso, un simún ancestral avivó su deseo, llamaradas de juventud le encendieron el rostro, en ceremonia inaugural descorrió el velo, un pacto urgente concertaron sus labios, con esperanza de sueños lo acompañó en el camino, en un oasis de tiempo detuvieron la marcha, con promesa de éxito él partió una mañana, con paciencia milenaria ella aguardó su regresó, un viento fatal devastó su momento, una noticia lejana le heló la mirada, con impotencia de vida miró hacia el poniente, con airado dolor gritaron sus ojos, en despedida ritual corrió el velo: cubriendo la pena, silenciando sus besos. (Recopilado en un desafío)

viernes, 3 de agosto de 2012

Versos en vuelo...

Regresa una noche clara con el alma en penumbras, la esquina lo recibe plateada de luna, una luz pobre dibuja su sombra triste, una silueta frágil vuelve de  lejos, con sutil movimiento se  acerca a su alma, con el corazón desplegado celebra el reencuentro, en vano intento procura abrazarla, en un tropiezo de congojas se rinde su gesto, mira apenado como se pierde en la noche, con repetido reproche de palabra acallada la ve partir, le afligen muy dentro silencios cobardes, se acusa con rabia no haber oído su voz, se marcha despacio cruzando la calle, con paso doliente acompaña a su sombra, un rio de llanto recorre su geografía angustiada, con inevitable destino desemboca en su mirada, una fertilidad de lágrimas brota incontenible empapando recuerdos de momentos pendientes, con manos en duelo las levanta del piso, con ubérrimo aliento las fecunda en palabras, con abrigo de versos cobija su esencia, con alas de poema las echa a volar, con consuelo de verbo alumbrado sigue su vuelo. (Recopilado en una transversal de tiempo)

Deconstrucción

Durante mucho tiempo lo cargaron con ciertas certezas que eran razonables y racionales certezas, pero no por ello absolutamente ciertas, eran ciertas construcciones de la razón que fueron instalando en su corazón ciertas verdades que condicionaron su existir, luego, con el pasar de la vida, tuvo que ir deconstruyéndolas pacientemente para arraigar las otras, las verdaderamente ciertas: las certezas del alma. (Recopilado en una arquitectúra de dudas)

miércoles, 1 de agosto de 2012

Retratando un retrato...

Retrato perteneciente a la página de facebook "retratos" de Yolanda Ruiz Sánchez

En el pequeño pueblo, con esperanza de encuentros la tarde se precipita urgente hacia la noche, con la misma urgencia se precipitó el aguacero para encontrar su destino, engendrado por la tormenta se hizo río nuevo que por un breve momento hará cauce la calle, mientras tanto: desde la orilla, una planta estira sus hojas sedienta de vida. En el pequeño café, con esperanza de encuentro la muchacha aprieta urgente sus manos, con la misma urgencia se precipitó la partida de una falsa promesa que buscó nuevo destino, engendrada en la pasión por un dulce tiempo una vida nueva hará cauce su cuerpo, mientras tanto: desde la mesa, la muchacha con ojos de pena estira la mirada aguardando un regreso. (Recopilado en un rellano del bullicio)

jueves, 19 de julio de 2012

Intento


No parece posible echarle en cara que no lo intentó, en realidad procuró que se produjera en cada camino que logró caminar, para que se diera la magia puso el mejor de sus empeños, llegando inclusive a ofrecer el corazón, se perdió cada uno de sus intentos en marañas de miedos, a pesar de todo siguió insistiendo con ingenua insistencia, de tanto en tanto algún caminante que perseguía lo mismo acompañó un breve tramo su andar, unas brisas aisladas oxigenaron su marcha, una fría mañana entendió que era imposible y se llamó a silencio, no parece posible echarle en cara que no lo intentó. (Recopilado al pie de un desencanto)

martes, 17 de julio de 2012

Yo si se...

Retornar del destierro
El destierro era algo muy habitual en la antigüedad, se trataba de un castigo que el Estado le imponía a quien había cometido un delito, resultaba una condena tan terrible que era la pena inmediata por debajo de la de muerte. En la era moderna, modernos dictadores y/o verdugos perfeccionaron vilmente ese tipo de penas, del mismo modo lo hicieron con los métodos para imponer el horror, aplicándoselos a quienes a ellos se le antojaba. Una de las más perversas prácticas fue la que llevaron a cabo con sus víctimas luego de impartirles vejaciones por cuenta y orden de poderes oscuros, satisfaciendo sus propias perversiones: consistió esto en condenarlas a un moderno tipo de destierro, ya no geográfico sino existencial. Las desterraron de su propia historia, pretendiendo borrar con soberbia impunidad los vestigios de sus crímenes, manteniéndolas ocultas en los pliegues de la sociedad, del mismo modo que las ocultaban cuando las sometían a vejámenes. Felizmente esa impunidad no fue tal ya que perdió su condición frente al ejercicio de la memoria, esa inapelable facultad de los pueblos para reencontrarse con la verdadera historia. Es esta facultad precisamente la que pone en marcha Josu Monterroso al volcar en palabra escrita el valiente relato de mujeres que cuando niñas padecieron vejámenes en el Preventorio del Doctor Murillo, que existió durante la posguerra en Guadarrama, mujeres que hoy están decididas a regresar de ese destierro existencial al que pretendieron condenarlas contando con valentía su verdad. En ese Preventorio se sometía a las niñas que allí iban a parar: a torturas, vejaciones, humillaciones, golpes, gritos, castigos inhumanos y otras tantas barbaridades resultantes de lo peor de la condición humana. Se profundiza luego el ejercicio de la memoria colectiva para poner en evidencia lo que ocurría en ese sitio cuando Josu Monterroso lanza esta campaña de divulgación llamada “Yo si se lo que pasó en el preventorio del Doctor Murillo… ¿y tú?”
Siento que participar de ella es un inevitable compromiso que tenemos los que creemos en el valor de la Memoria Histórica.
¡Yo si se!

lunes, 16 de julio de 2012

Sueños


La muchacha dibuja con ojos abiertos sueños de ojos grandes, la muchacha sueña con ojos abiertos muchachos de sueños grandes, la muchacha escucha con ojos abiertos promesas de ojos grandes, la muchacha se entrega con ojos abiertos a pasiones grandes, la muchacha descubre con ojos abiertos la vida más grande, la muchacha consiente con ojos abiertos la pérdida más grande, la muchacha se queda sin sueños de ojos grandes, con ojos abiertos a la muchacha le cierran sus ojos grandes. (Recopilado en un sueño truncado)

domingo, 15 de julio de 2012

Caminar


Continúa caminando porque su afán es caminar, en su piel hay huellas de todos los caminos, cruza un río que nunca cruzó, este le dice que no lo volverá a cruzar, atraviesa un valle de ideales en flor, se detiene un momento en una llanura de tiempo, desentierra del suelo esquirlas de vida, las escucha como niño que oye un cuento, le cuentan que el viaje siempre es en círculo, le hablan misteriosas de senderos y rumbos, resuena en el aire un tronar de batallas perdidas, lastiman sus manos cristales rotos, le duelen cicatrices de heridas circulares, despierta una antigua lámpara adormecida, le llegan ayes de amores errantes, un coro de historias le murmura consuelos, sospecha inquieto que ya estuvo allí, se busca intranquilo en un espejo vacío, lo acecha impiadoso un frío de adióses, abriga su alma al calor de un recuerdo, tras rocas seculares asoman duendes errantes, pinta en una piedra un relato en viaje, le regala el viento una canción de promesas, desde islas pretéritas un cantar de añoranzas viene a buscarlo, se aferra empecinado a mástiles de futuro, se amarra decidido con cuerdas de anhelo, se alejan las voces con votos de frustración, como un cielo nublado se despeja el momento, con la vista adelante retoma la marcha, continúa caminando porque su afán es caminar. (Recopilado en una predicción de gitana)

viernes, 13 de julio de 2012

Encontrarse

Peregrino de ilusiones perdidas camina la vida, penitente de sueños pasados persigue un mañana soñado, como impenitente buscador recorre senderos, su mano rugosa se aferra a un báculo de esperanza, vacila su paso en cada encrucijada, agobian su andar las dudas perennes, descansa su fatiga en rellanos de paz,  continúa la marcha con movimiento ansioso, nubarrones de miedo acosan su avance, prosigue obstinado a pesar de los rayos,  una tormenta de verdades se desata impiadosa, en un bosque apacible se  refugia temeroso, al cobijo de un árbol descubre su verdad, el temporal cesa con piedad intemporal, con paso sereno retoma el camino, con ojos de alivio se mira en un río ... (Recopilado en un camino de buscadores)

miércoles, 11 de julio de 2012

Desencuentro

En la tarde truena un cielo de anhelos, una canción murmura hablando de ellos, ellos distantes solo escuchan la lluvia, en sus ojos se refugia un deseo errante, de sus voces fluyen palabras vacías, su gestos cuentan de ansias urgentes, sus manos hablan con lenguaje impaciente, el momento transcurre ocultando verdades, su tiempo se consume en un fuego cobarde, la canción se cansa de hablar de ellos, ellos cercanos se mantienen distantes, en sus ojos se dibuja una rebeldía rendida, sus manos chocan con barreras de miedo, sus voces murmuran una cortés despedida, su tiempo confluye en un tiempo perdido, con paso vencido se pierden en la vida. (Recopilado en un rio de silencios)   

viernes, 6 de julio de 2012

Sueña

Tiene un sueño escondido en los pliegues de su alma, conoce de recónditas penas, camina un cielo sin ángeles, descansa en una plaza anárquica, un poema le habla al oído, le cuenta secretos no dichos, se cruza con una pasión virgen, le duelen amores frustrados, una sombra de olivares cubre  su memoria,  asoma una muchacha en su mirada,  lo acompañan ilusiones perennes,  se acerca a riberas de luz, desembarca en puertos de anhelo, se pierde en calles de soledad, se refugia en una taberna en celo, ama porque ama amar, camina su destino porque su caminar es soñar. (Recopilado en una encrucijada)

Jueves Justo

Una muchedumbre de sueños sobrevuela las calles, un tronar de silencios impone respeto, un manantial de ideales brota en el cielo, una ronda de vida honra el recuerdo, una multitud de ausentes se suma a la marcha, un pozo oscuro se llena de luz, un verdugo vencido dormita su hiel, un niño dormido despierta sonriendo, una madre pletórica lo amamanta con verdades, una mesa de café se puebla de nuevo, una vieja canción vuelve a decir, una voz justa condena el odio, el verdugo absurdo se consume en su ponzoña, un jueves de invierno se viste de primavera. (Recopilado en una ceremonia vital)  

jueves, 5 de julio de 2012

Partir


Foto propia (SAC)

De sus heridas brota un manantial de sones, se baña su alma en ríos cambiantes, confluye su pena en un mar de vocablos, una tormenta de silencio lo hace zozobrar, corrientes de tristeza lo arrastran con furia, desembarca agotado en costas gastadas, un conjuro de musas le devuelve el grito, atravesando un arcano regresa al mar. (Recopilado en un puerto de casualidades)

Cotidianeidad


Dos surcos plateados estiran sus brazos, una llovizna obstinada golpea los vidrios, un bombo cansado acaricia una zamba, una voz gastada entona un son, un mudo de voces grita su dolor, un ciego de imágenes mira a la cara, un caminante agotado  descansa su urgencia, dos colegiales urgidos repasan sus risas, una muchacha en ciernes sonríe a la vida, un anciano lee la divina comedia, alguien lejano quiere hablar, un estudiante diseña un palacio soñado, una mujer agotada dormita sus sueños, con marcha cansina discurre el vagón, con paso vivo viaja la esperanza. (Recopilado en una formación de vida)

miércoles, 4 de julio de 2012

Aun sueña

Tiene las manos marchitas de caricias perdidas, mueve los brazos frustrados de abrazos soñados, mira con ojos vacíos de miradas devueltas, pesa en su espalda un bagaje de sueños postergados, duele en su pecho el camino, camina con paso lento de penas tempranas, sueña un sueño posible de ilusiones tardías. (Recopilado en un atardecer de estación)

lunes, 2 de julio de 2012

Fuego vital

Le caen sobre el alma cenizas de vida, arden los recuerdos en un fuego de olvidos. Sacude su esencia una explosión de futuro, renace el anhelo en llamaradas ulteriores. (palabras de un encuentro pendiente)

La última partida

Afuera en la calle caen copos de sol, en las veredas crecen flores de vida, en su interior se desploman rayos de frío, de sus ojos asoma un baldío de miradas,  la mesa se cubre con cartas de amor, en la mano tienen naipes marcados, cada uno sabe cuál jugará el otro,  en la mesa de al lado alguien bebe poemas, en el fondo del salón un gato dormita, en el ambiente suena un murmullo de indiferencia,  en sus voces resuena un eco de adióses, sus manos se mueven con aires de distancia, con gesto vencido bajan los naipes, con silencio de  grito termina la mano, con manos heladas recogen las cartas, con final anunciado termina el juego, con pesadumbre de recuerdos inician la partida. (Recopilado en dos miradas tristes)

domingo, 1 de julio de 2012

Recuerdo


Foto del álbum de Facebook:  “Lo que nos deja la calle”
De Gaby Bartolotti


El recuerdo le hacía voltear la mirada, lo llevaba inquieto por calles adolescentes, olía a cueca y tonada, le ponía luz a la sombra de un álamo cansado, tenía el color esperanzado de una tardía flor de glicina, conservaba la juvenil urgencia de amar, sonaba a primavera en ciernes, derrochaba revoluciones, guarecía sueños, desempolvaba ilusiones frustradas, se detenía frente a un umbral de anhelos vestido de música, lo convidaba a leer una partitura de vida, le abría las puertas de aquella vieja casa, lo sentaba frente al piano en aquel taburete en el que a su lado, con manos artesanas, lo acompañaba una joven Terpsícore: para ejecutar juntos su mejor melodía. (Recopilado en un cruce de caminos… en tierras de la web)

Desapacible

No siempre resulta apacible andar por las calles del relato, hay ocasiones  en las que el cielo de los recuerdos se nubla, cada tanto es cruzado por relámpagos de pena, gotas de añoranza mojan el rostro, un frio viento de soledad empuja hacia atras, el movimiento se hace dificil, la tarea se vuelve compleja, obliga a escalar los sueños. Sucede que se cambia el paso, se viaja hacía un mundo interior en busca de amparo, procurando encontrar rastros de momentos felices, entonces, de repente, allí donde menos se imagina aparecen. Se los lleva con cuidado hacia la superficie, se los abriga con palabras, se los siembra en hojas sensibles hasta que, con asombro, se ve como se transforman en luminoso arcoirís, sol tibio, árbol frondoso, buena sombra, colorida flor, sonrisa celeste, sueño posible: entonces las calles del relato recobran la calma y el cielo de los recuerdos se cubre de estrellas. (Recopilado en un callejón oscuro)


viernes, 29 de junio de 2012

Urgencias

A Marcial le duelen antiguas cicatrices del alma, procura aliviarlas con el sonar de su bandoneón, pero se agota su intento en el último gemido del fuelle. Con fuerte agobio sale a la calle intentando disipar la espesura de su soledad, camina la tarde con urgencia de noche, lleva en su andar cadencia de barrio. En la esquina, una calesita soleada refleja su infancia, desde lejos, un sonido a conventillo le pone voz a su memoria. Un rumor de tranvía acompaña su paso, portan sus genes identidad de arrabal, ama amar y su amor perdido se llama percanta. Llega al boliche con promesa de tinto, se acerca a la barra con desembarco de penas y con voz ronca de afanes pide la bebida. Con ojos de anhelo recorre el lugar, con esperanza de percanta observa a la muchacha y con mirada cómplice le convida el trago. Ella, con respuesta de milonga, le acepta el convite. Con desencantos en flor comparten la charla, de fondo, con susurro de angustias, los acompaña un tango, mientras tanto, con generosa mansedumbre se entrega la botella. Con atávico lenguaje pactan el momento y, con urgencia de vida, se pierden en la noche. (Recopilado en las estribaciones de un mostrador)

jueves, 28 de junio de 2012

Hospitalidad


Llegó con el camino en la piel, en su espalda motas de vida, se sentó al cobijo del vino, habló con acordes de viaje, hizo viajar las palabras, le puso existencia al relato, relató una historia encontrada, fue al encuentro de una historia, practicó un conjuro a las penas, convocó solemne a la paz, pobló el aire de armonías, reflejo sombras de anhelo, aceptó la hospitalidad del amor, amó agradecido a la hospitalidad, descansó al calor de una mirada. Se marchó con la vida en la piel, en su espalda motas del camino…  (Recopilado en un recodo del camino)

Despertar

Una bruma de sueños acunó su sonrisa, una melodía de sonrisas arrulló su sueño, un crepitar de miedos encendió angustias, un carruaje de recuerdos lo vino a buscar, un salitral de heridas tuvo que cruzar, un puerto de nubes lo vio embarcar, un vendaval de olvidos lo hizo naufragar, un faro de poemas guio su soñar, un cielo en vuelo lo vino a buscar, una flor de papel le contó su verdad, un cuento en flor le hizo amar, un despertar de risas lo invitó a soñar. (Recopilado en una península de sueños)

lunes, 25 de junio de 2012

Pájaros de papel

Con manos de ansiedad trabajó el papel, con puntadas de anhelo intuyó el momento, con agridulce evocación recordó el aleteo, entre viejas tristezas se le perdió la mirada, con ánimo de creador construyó un pájaro, con omnipotencia de dioses lo echó a volar, con decepción de mortal acompañó su caída, con ternura de amado lo levantó del suelo, con pasión de amante lo fecundó de poesía, con poder de certezas lo alentó a volar, con alegría de niño siguió su vuelo, entre nuevas risas se refugió su mirada. (Recopilado en un horizonte lejano)

domingo, 24 de junio de 2012

Remontando

Caminó hacia el recuerdo, llegó a un bosque de soledades, buscó un árbol talado, le pidió  unas ramas de nostalgia, las envolvió con papel infantil, ató todo con hilos de emoción, construyó un barrilete, le colgó una esperanza, remontó  una vivencia, regresó al olvido, caminó hacia un desierto de multitudes, buscó un vergel de palabras, recogió las que pudo, las sembró en papel de ideales, construyó una vivencia, le colgó una esperanza, remontó un barrilete… (Recopilado en las fronteras de la melancolía)

martes, 19 de junio de 2012

Rendición


Hay quienes, empecinados en la búsqueda: cruzan a lo largo de la vida desfiladeros con acechanza de desesperanza, en donde el sendero se llena de penumbras oscureciendo la mirada, hay quienes, en esos casos, recurren a las palabras con forma de poesía, a los propios referentes con ropaje de poeta, sintiéndose entonces acompañados. Hay quienes, a veces: dejan de buscar… (Recopilado en los suburbios de una computadora)

lunes, 18 de junio de 2012

Ausencia

Un tintinear de palabras sonaba en el aire, un trepidar de poemas cruzaba el espacio, un arcoíris de esperanzas atravesaba la llovizna, un sigilo de emociones hollaba la piel, con mansedumbre en celo se inauguraba la vida, con impetuoso fulgor se desgranaba el grito, en un susurro de silencio se ocultaba la luz, la muchacha intuía que la tarde era breve y la ausencia cercana, con nostalgia de futuro el viajero partía, con pesadumbre de anhelos se perdía en la distancia, la muchacha descubría que la tarde era larga y la ausencia lejana. (Recopilado al pie de una montaña soleada)

jueves, 14 de junio de 2012

Insurrección

"...que vital resulta sentir que un sonido huele a calle mojada, el olor de un perfume suena como una vieja canción, una mirada cuenta en voz baja un secreto, la palabra de un anciano mira profundo a los ojos, la sonrisa de un niño pinta un paisaje soleado, la pintura de un cuadro construye un puente colgante, la fuerza de un abrazo tiene sabor a nostalgia, la sombra de un árbol ilumina un recuerdo infantil, el vuelo de un ave navega hacia un puerto de ilusiones, un grito airado tropieza en la paz del silencio o que la magia de un relato lidera una insurrección de esperanzas..." (Recopilado en un pueblo sonriente, a orillas de una plaza)

viernes, 8 de junio de 2012

Amor Eterno

Cayetano, con la mirada clavada en el viejo estaño de la barra que en herradura alberga a los habitúes del lugar bebe lentamente su vaso de vino luego de haber concluido el almuerzo.
Antiguo conocedor del día y la noche de Buenos Aires, se siente muy a gusto en aquel viejo bar al paso que, como un retrato en sepia, permanece  enclavado en el medio de la colorida modernidad del siglo XXI.
El nombre del lugar: “Bar Mistongo” es en sí mismo una declaración de principios. Ubicado en aquella calle que desciende hasta morir en el bajo, se constituye en territorio de una heterogénea población. Al mediodía lo habitan humildes empleados en su mayoría de mas de cincuenta años, que acuden en búsqueda del plato del día que Don Juan distribuye en generosas porciones, la misma generosidad con la que completa  el vaso de vino de aquellos parroquianos en los que advierte una silente demanda.
Por las noches el público disminuye al mismo tiempo que cambia  radicalmente, son sus pobladores veteranos transeúntes de la noctámbula porteña. Beben ginebra mientras escuchan los tangos que suenan desde el vetusto tocadiscos que Don Juan mantiene siempre girando. En invierno no falta  la presencia de alguna esforzada trabajadora de la noche que ingresa  en busca de un reparador café caliente, café que por supuesto le es provisto sin cargo y sin contraprestación alguna.
Aquel mediodía Cayetano se mostraba particularmente ansioso, bastante más de lo habitual, miró el reloj  y vio que eran las dos de la tarde. Levantó  el vaso, notó que estaba vacío, lo depositó de nuevo en la barra, se movió inquieto en la banqueta, amagó pararse, miró por la puerta, advirtió que a la entrada del Banco que se encontraba en la vereda de enfrente había  estacionado un camión  de caudales y dos guardias apoyados en él con los fusiles en sus brazos, miraban hacia el bar.
— Que feo trabajo — pensó mientras volvía a acomodarse en el asiento.
Don Juan, con la capacidad de diagnostico que confieren tantos años de atender parroquianos, advirtió la necesidad del alma de su cliente y le completó con vino tinto el vaso vacío. Cayetano, levantando la vista, agradeció el gesto con cómplice sonrisa.
Ese movimiento le permitió ver por sobre los hombros de Don Juan aquel viejo póster de la revista El Grafico que, empecinado en permanecer en la pared, muestra la triunfal  imagen de Ringo Bonavena cuando el  4 de Septiembre de 1965 le arrebatara la corona de pesados a Goyo Peralta.
Esa imagen lo corrió del actual  momento en curso a aquella noche de cuarenta años atrás y, entrecerrando los ojos, casi vuelve a oír el estruendoso bullicio de la multitud congregada en el Luna Park. Rememora ese sábado con particular emoción, hacia muy poco que había cumplido diecisiete años y había concurrido al estadio estrenando su primer traje, en lo que fuera la primera incursión  a la noche porteña  en compañía de  sus amigos. Recuerda que importantes y todopoderosos se sentían y como les parecía que la ciudad, reconociéndoles sus derechos, les abriría generosa las puertas de un mundo fantástico.
Sumergido en el pasado volvió, inevitablemente y como siempre, al momento aquel cuando saliendo del Luna la viera entre la gente. Regresó la imagen de aquel vestido negro que se ajustaba a su cuerpo marcando las formas de su  atractiva figura, el intenso brillo de su   cabello negro y por sobre todo, los ojos, esos enormes ojos también negros que le fue imposible dejar de mirar.
Una vez mas se instaló en el la sensación de que era el único que aquella velada la había visto.
Recuerda, como es habitual, que pasados aquellos  instantes  de embeleso y aislamiento en que todo se silenciara y solo estuvieran ella y él, había salido con sus amigos por la puerta de Bouchard subiendo luego  por  Corrientes en busca del lugar que elegirían   para comer unas pizzas y beber vino tinto. Y como, cada tanto, había mirado a su espalda  con la sensación que ella lo venia siguiendo.
Decididamente metido en el recuerdo se ve  sentado a la mesa del lugar discutiendo con sus amigos,  como émulos de Ulises Barrera,  acerca del desarrollo del combate. Luego la conversación derivaría hacia otros tópicos,  pasando por la literatura, la poesía, la política, las revoluciones, el amor, la vida, la muerte…
Llevaban ya un largo rato debatiendo acerca de como esta se entrecruzaba  permanentemente con los anteriores aspectos y no  lograban ponerse de acuerdo sobre si daba  lo mismo morir de cualquier forma cuando Cayetano dijo paradójicamente:
— Miren muchachos, para mí, hay muertes que vale la pena vivirlas.
Tiene claro que fue en aquel  momento cuando, levantando de golpe la vista y mirando por el espejo que se hallaba en la pared, viera otra vez sus ojos negros y esa particular expresión con que ella lo estaba observando. Recuerda como se había levantado, inexorablemente atraído por su mirada, acercándose hasta su mesa y como ella le permitiría, con una sonrisa, sentarse a la misma iniciando la conversación.
Lo que seguía del recuerdo eran aquellas horas que habían compartido en el hotel  hasta llegar el alba unidos los espíritus mucho más allá de la pasión de sus cuerpos, como si esa unión proviniese de un tiempo anterior a ellos. Persiste en él la magia del momento en que viera como el vestido negro se deslizara desde los hombros hasta el piso dejando al desnudo su cuerpo y como la abrazara tembloroso e inexperto.  Aún hoy siente la excitación que aquel momento le produjera. Todavía le molesta   la velocidad con que ese tiempo había pasado y la tenaz resistencia que ella opusiera a todos sus requerimientos de concertar un nuevo encuentro.
Le parece volver a escucharla diciéndole que no, que no es posible, que no era ese el momento para que iniciaran algo, que ya llegaría un tiempo  en que  lo buscaría y podrían compartir toda la eternidad. Con el mismo dolor de siempre llegó el recuerdo de la mañana y el momento de la despedida en la puerta del hotel  cuando ella, permitiendo que él le robara un último beso, se alejaría, calle abajo, lentamente y sin volver la mirada. 
Aquella noche había  marcado a Cayetano para toda su vida, impidiéndole olvidarla y condenándolo a vivir en soledad, embebiendo en alcohol estos cuarenta años y con la esperanza de volver a encontrarla. Vaya si la había buscado, aún hoy seguía haciéndolo…

El sonido de una sirena y un bullicio superior al de costumbre lo trajeron súbitamente al momento actual y a la geografía del Bar Mistongo. Acostumbrado a esos viajes retrospectivos, comenzó a salir de su interior y a tomar contacto con el momento real.
El ruido de las sirenas fue aumentando y el bullicio exterior también, miró hacia afuera y se dio cuenta que algo estaba pasando en el Banco, los guardias que viera antes estaban caídos detrás del camión de caudales y el ruido de las sirenas se oía cada vez mas cerca.
 — Un asalto — dijo en voz alta y se acercó hasta la puerta del bar para ver que ocurría.
Cuando llegó hasta allí y pudo ver toda la escena, se quedó helado, un sujeto que parecía ser un asaltante abrazaba  el cuerpo de una joven a la  que apuntaba  con un arma y cual no sería su asombro al ver que esa jovencita no es otra que Ella.
— Esto no puede ser, no es posible que la encuentre después de tanto tiempo y en estas circunstancias, ¡y encima está igual! ¡los años no pasaron para ella! — se dijo.
La miró a los ojos, esos ojos negros que habían sido motivo de su desvelo y se dio cuenta que lo había reconocido. Sin saber como, ni de donde, sacó fuerzas y astucia para cruzar la calle, golpear al ladrón y liberarla. Lo que siguió fue para Cayetano increíble, otra vez el mundo se silenció y solo existían ella y él mirándose. Queriendo asegurarse que no la perdería, la tomó por la cintura y la obligó a correr hasta la esquina, ella  lo siguió dócil y agradecida. Luego de esto se detuvieron un momento, se miraron nuevamente y ahora si, para felicidad de Cayetano, se alejaron juntos, calle abajo y sin volver la mirada…

...

Los diarios del día siguiente publicaron la noticia del heroico gesto de Cayetano Cepeda, habitual parroquiano del Bar Mistongo. Con inusitada valentía había salido del bar y liberado, permitiendo que se escapara, a una joven de diecisiete años a la que tenia como rehén uno de los asaltantes del Banco que funcionaba frente al bar. Lamentablemente, otro de los delincuentes había disparado desde el interior de la institución asaltada dando muerte en el acto a Cepeda…